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Síndica de la Udg

Histórico

1994 - 2022

El 15 de septiembre de 1994 se publicó al BUEY (Boletín Oficial de la UdG) el nombramiento de Joan Olòriz como primer síndico de los estudiantes y presidente de la Comisión de Defensa de los Estudiantes. Un año más tarde, los Estatutos aprobados el 11 de octubre de 1995 consolidarían la figura, las funciones y las atribuciones del síndico o síndica de la Universidad, extendiéndolas a toda la comunidad, universitaria mediante una resolución del rector de 8 de noviembre.

El síndico Olòriz se encontró con la necesidad de «hacer crecer una figura nueva en un marco institucional en construcción». El contexto legal universitario del momento no regulaba la figura más allá de los estatutos mismos, y de una manera casi espontánea se iba implantando la figura en diferentes universidades catalanas y del Estado.

Entre septiembre de 1999 y el 2004 se desarrolla la etapa del síndico Pep Vila, un periodo en que la función de los síndicos y síndicas universitarias se reafirma. La figura ya estaba presente en prácticamente todas las universidades, y las leyes estatales y autonómicas, aunque de forma sutil, empezaban a reconocerla.

En febrero del 2004 se inicia la etapa del síndico Joan Miró, hasta el 2014, la de más durada en estos treinta años. Durante estos años, Joan Miró vivió, seguramente, momentos muy «ajetreados» de la vida universitaria; son años de cambios y dificultades, de importantes volúmenes de quejas al síndico pero también de grandes avances en la consolidación de las sindicaturas.

Desde julio de 2014 y hasta febrero del 2022, «hace de síndico», como dice él mismo, Joan Manuel del Pozo: «Hacer de síndico, un cargo deauctoritas, no de potestas» que «ni manda ni sentencia, ayuda a buscar justicia». El síndico Del Pozo coincide con una época en la cual la Universidad se va dotando de mecanismos, recursos y servicios que atienden desde la estructura y el funcionamiento ordinario a cuestiones, dificultades y conflictos que anteriormente llegaban directamente a las sindicaturas.

Desde febrero del 2022, la UdG me ha otorgado el honor, la confianza y la responsabilidad de «hacer de Síndica de la Udg».

El trabajo de los síndicos y síndicas tiene que ver con el núcleo más esencial de los valores humanísticos y éticos; probablemente por eso, la definición formal de su función no ha cambiado mucho a lo largo de estos años. Sí que ha cambiado, afortunadamente, el estatus y reconocimiento jurídico y legal, con la incorporación de su regulación básica en el texto de la Ley orgánica del sistema universitario y, consecuentemente, en los Estatutos de la UdG aprobados en el 2025. Hay un lema que los síndicos y síndicas del ámbito catalán, pero también más allá, hemos adoptado como propio a lo largo de estos años: «Más justicia que derecho, más auctoritas que poder, más humanismo que burocracia». Es del Dr. Artur Juncosa, que fue síndico de la UB a la década de los 90. Este lema resume, desde mi punto de vista, y entiendo que es muy compartido dentro del colectivo de síndicos y síndicas, los ejes fundamentales de la tarea de las sindicaturas, los pilares fundamentales de nuestro trabajo y compromiso al servicio de la comunidad universitaria: el humanismo y la institucionalidad.

Montserrat Palma Muñoz Síndica de la Universidad

Joan Manuel del Pozo Àlvarez

Doctor en filosofía.Profesor jubilado de la UdG.

Síndico de la Universidad.Julio de 2014 – febrero de 2022

Hacer de síndico, un cargo deauctoritas, no de potestas

El ejercicio del cargo de síndico es lejos de la potestas entendida como autoridad ejecutiva de un cargo de gobierno, pero también es muy diferente –a pesar de algunas confusiones– de la propia de un juez.Es un cargo que ni manda, ni sentencia: ayuda a buscar justicia.En esta búsqueda se espera que utilice, para poner al servicio de quién lo necesite, aquello que se ha dicho «autoridad moral», la vieja auctoritas romana, avalada por la legalidad actual y el consenso social en torno a la figura.

En esta búsqueda, y en interacciones múltiples que siempre he agradecido, he podido conocer bastante más la universidad desde la perspectiva, tristemente privilegiada, de la queja de muy diversas personas por errores o malas prácticas de la institución, que a menudo se escapan, quedan soterradas o incluso son voluntariamente escondidas.Además del conocimiento, sin embargo, se obtiene una cierta recompensa de orden emocional, de sentido profundamente humano: la vivencia del intercambio de confianza con quien se te acerca y te explica su malestar, su queja, su protesta, lo que sea; una confianza que suele crecer y mejorar en el transcurso de las gestiones y conversaciones necesarias para tratar de resolver el problema.Sentir que recibes aquella confianza por la que la persona se siente escuchada y respetada en su situación de vulnerabilidad es humanamente muy valioso.Incluso, sin embargo, si en algunos casos era imposible por razones objetivas una solución satisfactoria, se compartía un sentimiento positivo –a pesar de la decepción– con expresiones de mucho valor como «Gracias por haberme escuchado y luchado por mi causa». Expresiones que el síndico agradecía igualmente porque también se habían compartido confianza, razonamientos, sensibilidad, independientemente del resultado.Por suerte, la mayoría de quejas alcanzaban grados positivos de resolución.

Un ejercicio, pues, institucional y humanamente muy valioso y enriquecedor.Y creo, sobre todo, que útil al mismo tiempo para las personas que acudían y para la Universidad misma.


Joan Miró i Ametller

Doctor en ciencias (Químicas)

Síndico de la Universidad.  Febrero de 2004 - julio de 2014


Vida de síndico

La Oficina del Defensor Universitario de la Universidad de Girona fue un encargo y una responsabilidad que asumí con ilusión, con mucha ilusión.Era un trabajo de carácter constructivo que se avenía con mi trayectoria universitaria, y yo tenía la intuición de que era una forma de contribuir al buen funcionamiento de la Universidad y a la resolución amistosa de los conflictos.

Ya conocía el ambiente de la Universidad y creía que el cargo podía ayudarme a conocerla mejor y más profundamente, si ponía voluntad y una actitud abierta.

Uno de los aspectos más tentadores era tener que afrontar una gran diversidad de casos y situaciones que me permitirían aprender día tras día cosas nuevas, tanto de los aciertos como de los errores.

Participé en la constitución de la Conferencia Estatal de Defensores Universitarios (CEDU), en el encuentro de Madrid del año 2007, y formé parte de la primera junta.

También participé en varias reuniones de la Asociación Europea de Defensores Universitarios (ENOHE, European Network of Ombuds in Higher Education).

Disfruté del apoyo amable y dedicado de Carme y Lluïsa, en la secretaría de la oficina del Síndico; más tarde se incorporó Rosa.

Traté de poner paz cuando intervenía y hay que reconocer que siempre me encontré con una buena colaboración de la gente de la Universidad.


Josep Vila i Boix

Pedagogo y máster en resolución de conflictos y mediación

Síndico de la Universidad.  Septiembre de 1999 - febrero de 2004


El conflicto como oportunidad de mejora y de progreso institucional

En septiembre de 1999 iniciaba una etapa de casi cinco años como Síndico de la Udg con una pretensión bien explícita: provocar cambios.A veces pequeños cambios, otros con más proyección, consciente de que al síndico no le corresponde ni dirigir ni gestionar.Pero consciente también de la función de presentar propuestas que orienten la evolución de la institución hacia cuotas de calidad y justicia más elevadas.Sabedor que el objetivo último no se alcanza con la necesaria resolución de cada uno de los casos particulares atendidos, sino con la eficacia de la recomendación oportuna para modificar las condiciones que han generado el agravio.Las universidades, si de verdad quieren mejorar su nivel de excelencia, tienen que optar por una cultura positiva que interprete el conflicto como oportunidad de mejora y de progreso institucional.


Joan Olòriz i Serra

Profesor jubilado.Doctor para la Universidad de Girona.

Síndico de los estudiantes y presidente de la comisión de defensa de los derechos de los estudiantes.  Septiembre de 1994 – noviembre de 1995
Síndico de la Universidad.Noviembre de 1995 – septiembre de 1999


De síndico de los estudiantes a síndico de la Universidad

La Universidad de Girona, desde su Claustro Constituyente, hace una propuesta bastante innovadora: un mecanismo de garantía y defensa de los derechos de los estudiantes, que se concretaba por primera vez en una universidad del Estado español en la figura de los síndico de los estudiantes.Se trataba de una experiencia que se pretendía que fuera provisional, y que la práctica de la institución marcara el desarrollo futuro y la comunidad universitaria gerundense le diera, a partir de la valoración de sus resultados, un lugar en los Estatutos de la Universidad.Y así se fue extendiendo esta figura al conjunto de la comunidad universitaria.

De estos primeros años tengo muy buen recuerdo: hacer crecer una figura nueva en un marco institucional en construcción fue un privilegio.Que el rector Nadal confiara y la comunidad universitaria me apoyara me llena de añoranza y satisfacción.

Para acabar, permitidme una reflexión: el síndico, por encima de sus tareas de atención a la comunidad, representa la voluntad de ser transparentes, de ser estrictos en el cumplimiento de las obligaciones.Es sobre todo un símbolo de lo que queremos que sea la Universidad: una institución que enseña e investiga, que trabaja con el conocimiento y con la transmisión de este conocimiento; un conjunto de mujeres y hombres que trabajan doblados por una sociedad mejor.


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