El proyecto Núria-Puigmal nace con la voluntad de entender mejor la realidad turística, social y ambiental del espacio transfronterizo entre el Valle de Núria y el macizo del Puigmal, un territorio singular compartido entre Cataluña y la Cataluña del Norte. Se trata de un ámbito de gran valor paisajístico, patrimonial e identitario, pero también de un espacio que afronta retos importantes vinculados a la presión turística, la coordinación territorial y la necesidad de construir modelos más sostenibles para el futuro.
Este es un proyecto de carácter transfronterizo, financiado por la Casa de la Generalitat en Perpiñán, que se desarrolla en colaboración entre la Universidad de Girona (INSETUR y cátedra UNESCO de Políticas Culturales y Cooperación) y la Universidad de Perpiñán Via Domitia. Mientras que el trabajo a la vertiente catalana se centra principalmente en la Vall de Ribes, la Universidad de Perpiñán está llevando a cabo la investigación en el lado francés, en municipios del macizo del Puigmal como Llo, Err y Eyna.
El objetivo principal del proyecto es analizar el impacto de la actividad turística en este entorno e identificar oportunidades por avanzar hacia un turismo más responsable, sostenible y regenerativo, que contribuya al bienestar de la población local y a una mejor habitabilidad del territorio. En este marco, el proyecto pone el foco tanto en los municipios de la Vall de Ribes como en la dimensión transfronteriza del Puigmal, entendiendo que los flujos, los usos y los retos del territorio no se detienen en la frontera administrativa.
Para hacerlo, el proyecto combina trabajo de campo, entrevistas, análisis de datos y procesos participativos. Se han llevado a cabo visitas a varios municipios y espacios clave del territorio, entrevistas semiestructuradas con agentes públicos y privados, conversaciones con trabajadores del sector servicios, sesiones participativas con alumnado y recogida de datos socioeconómicos y turísticos, incluyendo información sobre movilidad, visitación y capacidad de carga del Puigmal. En paralelo, se ha realizado una sesión participativa (Taller "Hacemos hervir la olla" en la sede de Parque Natural) y una sesión con el Instituto Escola de Ribes de Freser.
Algunos elementos clave identificados son: una fuerte dependencia del turismo, opiniones diversas y a menudo polarizadas sobre su papel en el territorio, falta de coordinación entre municipios y la necesidad de reforzar la colaboración transfronteriza. También se constata que espacios como el Santuario de Núria tienen un papel central en la identidad local, a la vez que generan visiones diversas sobre sus usos turísticos actuales.
El proyecto también parte de datos que ayudan a contextualizar esta realidad. El Parque Natural de las Cabeceras del Ter y del Freser registra una afluencia en torno a 485.000 visitas anuales, mientras que el estudio de capacidad de carga del Puigmal alerta que, aunque anualmente no se superan los umbrales globales, en los meses de julio y agosto sí que se producen episodios de sobreafluencia puntual, especialmente a la cima del Puigmal y a la pista de Fontalba.
En paralelo, el Valle de Núria sigue siendo uno de los grandes polos de atracción del territorio. El año 2024 el Tren de Cremallera de Núria registró 227.460 visitantes, un dato que confirma la centralidad de este espacio dentro del conjunto de la Vall de Ribes y su importancia como puerta de entrada a experiencias de naturaleza, patrimonio, espiritualidad y ocio familiar.
Más allá de la diagnosis, Núria-Puigmal quiere convertirse en un espacio de diálogo y cocreación. Por eso impulsa grupos focales, debates públicos y grupos de trabajo con agentes locales para imaginar conjuntamente nuevos escenarios de futuro. Entre las líneas que se plantean hay la redistribución de flujos turísticos, la desestacionalización, la creación de propuestas de turismo regenerativo, la conexión con productos locales y la construcción de una mirada compartida sobre el valor transfronterizo del territorio.
En definitiva, el proyecto Núria-Puigmal quiere contribuir a repensar este espacio de montaña no solo como una destinación turística, sino como un territorio vivo, con patrimonio, comunidad y paisaje, donde el desarrollo futuro se tiene que construir desde el equilibrio entre conservación, calidad de vida y oportunidades compartidas.
