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Identificación

Cátedra Walter Benjamin, Memoria y Exilio

Biografía

Walter Benjamin es una figura singular de la filosofía alemana del siglo XX, Benjamin no puede ser subsumido a ninguna corriente sin correr el riesgo de distorsionar el conjunto de su filosofía. De alguna manera, el pensamiento se puede describir como una especie de coalición entre mesianismo teológico y marxismo heterodoxo; así, en el desarrollo de su filosofía se distingue un periodo se observa una fuerte influencia en el cual de la teología judaica y un periodo en el cual se intenta reformular este mesianismo mediante una adaptación del marxismo. Está precisamente en este segundo momento cuando colabora activamente con el Instituto de Investigación Social mediante publicaciones en la revista para la investigación social, aunque mantiene siempre una distancia respecto del programa de la Escuela de Frankfurt.

Benjamin nace el año 1892 en Berlín, en el seno de una familia judía asimilada. Estudia filosofía, filología y psicología a Freiburg, Berlín, Munich y Berna, y finaliza sus estudios con la tesis El concepto del crítico de arte dentro del Romanticismo alemán (1920); más tarde intentará conseguir, a pesar de que sin éxito, la habilitación en Frankfurt con un estudio sobre el drama barroco alemán: Origen de la tragedia alemana (1925). Entonces, establecido en Berlín, se dedica a la traducción, a la crítica literaria y a la literatura, hasta que el año 1933, y a causa del ascenso al poder del nacionalsocialismo, se traslada a París, donde trabaja hasta el año 1940, en el cual, huyendo de los nazis, acaba suicidándose en Portbou. La producción filosófica de Benjamin se articula fundamentalmente a lo grande cantidad de ensayos y artículos de contenido filosófico y literario. La principal preocupación de Benjamin se sitúa en el terreno de la filosofía de la historia, de la cultura, la estética y la teoría de la modernidad. En la tesis doctoral El concepto del crítico de arte dentro del Romanticismo alemán, Benjamin analiza la idea romántica sobre la prolongación de la obra de arte en la reflexión del receptor y, por lo tanto, de la ruptura con la idea clásica de la autonomía del arte. La crítica de la obra es continuación infinita de la producción artística. En el tratamiento de este tema se encuentran presentes todos los elementos principales de la filosofía posterior a Benjamin, es decir, el concepto vanguardista con respecto a una obra con la suya “abierta” y “fragmentada”, la acentuación de la unidad de la obra con su recepción y, en definitiva, el interés por condicionantes históricos de la recepción en la tradición.

Esta idea básica de la unidad de la obra de arte con el proceso histórico de su recepción se precisa en el trabajo sobre el drama barroco alemán. En contenido filosófico más relevando de esta obra es la teoría de alegoría; Benjamin redescubre la alegoría barroca como en modelo para el concepto contemporáneo de arte, caro esta no es - como en el caso del símbolo como concepto clásico – representación sensitiva de ideas, sino que tiene que ser interpretada como polisemia, es decir, se caracteriza por su riqueza de significados heterogéneos. El sentido de la alegoría se despliega en la pluralidad de su recepción y no simplemente en la unidad de la obra; así, la alegoría barroca, que deja ver una realidad dispersa y sin sentido, está donde Benjamin encuentra a un modelo para la obra de arte del siglo XX, por su carácter fragmentario y enigmático. La teoría de la alegoría le sirve para la fundamentación de una teoría de las artes postclásicas; la obra de arte contemporánea no es unidad orgánica y armónica, es un fragmento en el cual se expresa el sufrimiento humano en la historia. La alegoría barroca se muestra, en definitiva, como la imagen de una situación catastrófica de la historia humana y, en consecuencia, como paradigma de lo que, para Benjamin, tiene que ser el arte en general, es decir, la memoria del sufrimiento humano en la historia. En este momento, la teoría del arte de Benjamin muestra sus implicaciones teológicas y una filosofía de la historia que les es inherente: actualizando la alegoría barroca, Benjamin expresa una experiencia catastrófica, la experiencia de la guerra que se refleja en las catástrofes de la primera mitad del siglo XX. Un buen ejemplo para la discusión sobre la concepción de la alegoría de las artes expuestas por Benjamin sería el “Gernika” de Picasso; en este cuadro, la obra de arte se muestra como un montaje de fragmentos que deja entrever las interferencias entre elementos. Todo lo que muestra el “Gernika” es la insensatez del sufrimiento humano. Es necesario recordar aunque el concepto de alegoría tiene, en cierta medida, un reflejo metodológico en la producción de Benjamin. Efectivamente, en sus ensayos sobre Goethe, Proust, Kafka o Baudelaire entre otros, Benjamin lleva a cabo una exposición genuina de su método filosófico: abandonando una deducción sistemática de principios, se expresa metodológicamente en la forma polisémica del ensayo para obligar el lector a establecer el sentido de su propio texto en la reflexión.

Las tesis Sobre el concepto de la historia son una especie de resúmenes - o mejor todavía, de testamento filosófico – de Walter Benjamin. El comentario de estas tesis puede servir perfectamente para una introducción de su pensamiento, porque se experimenta un alejamiento respecto de la filosofía de la historia clásica, marcada por la perspectiva teológica. Benjamin articula, por lo tanto, una crítica a la identificación entre historia y progreso; según este autor, el principal error de la reflexión moderna consiste en comprender la historia como continuidad temporal que tiene que ser reconstruida en el estudio de los hechos históricos. El fundamento metodológico del estudio de la historia es una construcción de la relación única entre el presente y un fragmento determinado del pasado en la cual se destruye el nexo creado por la tradición para redescubrir la actualidad de fragmentos significativos del proceso histórico; “construcción” es el método de un recuerdo que actualiza un fragmento reprimido del pasado, por lo tanto, la construcción es siempre, y al mismo tiempo, destrucción de la continuidad histórica: destrucción de la tradición dominante, del discurso ideológico de las clases dominantes sobre el curso de la historia, con la intención de salvar un elemento olvidado y reprimido de la tradición. En esta perspectiva, el concepto de “construcción” indica básicamente dos consideraciones: un comportamiento crítico hacia la historia y, en segundo lugar, una visión abierta de la historia, es decir, una concepción en la cual la historia se comprenda como una constelación o bien configuración entre presente y pasado. Cada presente descubre un pasado que le es propio, un pasado nuevo, único e irrepetible, analógicamente, es posible determinar cierta clase de polisemia en la historia, ya que permanentemente genera perspectivas nuevas en la autocomprensión. No obstante, en las tesis Sobre el concepto de la historia también se ponen de manifiesto ciertas implicaciones teológicas, mesiánicas: para Benjamin, la historia es un proceso catastrófico. La causa que obliga al comportamiento crítico del historiador dialéctico no es el progreso hipotético en el interior del proceso histórico; el motivo que realmente lo impulsa es la salvación del hombre respecto de las condiciones de toda la historia como historia de dominio. Parafraseando el mismo Benjamin, podríamos decir que la revolución –como objetivo del historiador crítico en el sentido de la “construcción” - no se muestra como la locomotora de la historia, sino como su freno de urgencia. A pesar de es evidente que esta mezcla de mesianismo teológico y marxismo en la filosofía de Benjamin tenía que provocar las objeciones de la ortodoxia judaica y marxista, no es precisamente esta peculiar fusión la que tiene trascendencia para la filosofía del siglo XX. Sin embargo, es precisamente el fruto metodológico de esta unión el que resulta significativo para la historiografía contemporánea: el historiador no puede reconstruir el sentido objetivo de la historia, sólo establece perspectivas críticas en el proceso histórico, siempre abierto, siempre polisémico.

De: Mònica Carbó / Jörg Zimmer: La filosofía alemana contemporánea.