El poeta Narcís Comadira habla de Girona como una dualidad histórica entre la materia y la memoria. Una confrontación que ya describió Bergson y que, referida a la ciudad, se corresponde con otro paralelismo. La materia se asimila a las piedras milenarias, a los monumentos creados por el hombre. La memoria se refleja en el agua, en su discurrir, en la acumulación dinámica y fluida de recuerdos y pasados hasta confluir en un presente que es suma de todos ellos.
Fue cerca de Girona donde los griegos desembarcaron y, con sus barcos, con sus mercancías transportadas por mar, llegó su cultura. La misma que nos transmitió legados como el de Tales de Mileto, para quien el agua era el elemento único del que todo está hecho. El agua sobre la que sobrevoló el espíritu divino de la Biblia en aquel “berisihit” inicial. El agua, donde las primeras bacterias iniciaron el tránsito de la evolución.
Muchos siglos después, Hegel había de comparar el agua con el lenguaje. Dos elementos catalizadores, en lo físico y en lo conceptual, de las reacciones químicas y de la creación de conceptos.
El agua que, también cerca de Girona, fluye desde hace siglos en los balnearios, las antiguas termas romanas. Agua que recoge sedimentos, memorias, voces antiguas que hoy nos hablan des de la contemporaneidad.
Anna Maria Geli de Ciurana Rectora de la Universitat de Girona